| Liderazgo creativo con inteligencia
emocional por Alberto Sanz
En la actualidad, las competencias que caracterizan a los
líderes que están al frente de las organizaciones exitosas no son
exclusivamente las que están relacionadas con su conocimiento, experiencia y
capacidad técnica. Las investigaciones han permitido concluir que lo que
caracteriza a esos líderes ejemplares es su capacidad para inyectar en otros
su energía, su pasión y su entusiasmo.
Para tener capacidad de influir en otros, para poderlos conducir a visiones
prometedoras, se requiere partir de la capacidad para liderar la propia
vida. Esto es, el liderazgo es una fuerza que surge dentro del individuo
para poder tener efecto en los demás.
La inteligencia emocional del líder surge desde el interior a través de la
conciencia de sí mismo y de su capacidad para la autogestión. Con base en
estos dos dominios, puede ejercer influencia en los otros por medio de su
conciencia social y de su capacidad para gestionar las relaciones que le
permiten contagiar a los equipos de trabajo con un efecto multiplicador en
la organización.
Con base en su autoconocimiento el individuo es capaz de visualizar sus
metas y automotivarse para alcanzarlas venciendo con creatividad los
obstáculos que puedan llegar a interponerse. Al estar consciente de sí
mismo, de sus talentos y debilidades, de sus intereses, de sus reacciones y
emociones se encuentra en un primer escalón para decidir a dónde y cómo
quiere conducir su vida. Nadie puede motivar a otros si no es capaz de
mostrar entusiasmo, el cuál se comunica por medio de su expresión facial, su
tono de voz, su expresión corporal. Una persona capaz de motivarse a sí
misma, refleja ante los otros entusiasmo y optimismo que son contagiosos.
Las competencias para la autogestión se refieren a la capacidad del
individuo para -a partir del reconocimiento de sus emociones- poder
controlarlas y dirigirlas en la dirección adecuada. Por medio del
autocontrol, puede permanecer sereno y lúcido frente a una situación
crítica. Sin embargo es importante diferenciar esta capacidad para el
autocontrol de la negación de las emociones o de la antigua creencia de la
necesidad de dejar las emociones fuera del ámbito de trabajo.
La autogestión le permite al líder emocionalmente inteligente ser
transparente, al ser capaz de expresar abiertamente sus creencias y
sentimientos; ser flexible para responder oportunamente a los cambios; tener
iniciativa para promover la acción; y ser optimista al enfrentar las
situaciones adversas como oportunidades para crecer en nuevas direcciones.
La conciencia social se traduce en la sensibilidad de los líderes para
reconocer sus emociones y las de otros y en su capacidad para dirigirlas
adecuadamente hacia el logro de la visión. El líder inteligente
emocionalmente dispone de un radar que le permite ser un receptor sensible a
las señales que los otros envían acerca de su estado emocional y de su nivel
de motivación con respecto a un proyecto. Posee la capacidad de escucha
activa, así como la capacidad para expresarse asertivamente, de manera
certera, con base en su autoconocimiento y autocontrol.
El líder creativo y emocionalmente inteligente influye activamente para
generar un clima emocional en donde permea la confianza, logrando que las
personas no se sientan amenazadas psicológicamente. El líder genera las
condiciones para que los miembros del equipo perciban la posibilidad de
tomar riesgos y de probar nuevos caminos, requisito indispensable para la
innovación.
El líder emocionalmente inteligente cuenta con las competencias para influir
en otros por medio de la gestión de las relaciones comunicándoles de manera
efectiva el beneficio y las ventajas que se obtendrán al encaminarse a la
visión planteada. También es capaz de inspirar y convencer a otros. Pone en
práctica su creatividad al alinear la visión común con la posibilidad de
desarrollo y crecimiento de cada uno de los miembros del equipo.
El líder se convierte en un catalizador del cambio capaz de mantener la
motivación en un buen nivel, reconociendo los sentimientos y emociones de
las personas y atendiendo oportunamente los conflictos para mantener la
dirección de la energía hacia el logro de una meta común.
El bien más importante en las organizaciones está en los talentos de las
personas que las integran. Si se ignoran las emociones, y se continúa
haciendo énfasis exclusivamente en el pensamiento "lógico", se corre el
riesgo no sólo de desaprovechar esos talentos, sino de perderlos,
cediéndoselos a otras organizaciones. El desarrollo de la inteligencia
emocional y de las habilidades para la creatividad incrementa el potencial
del individuo al favorecer la conexión entre pensamiento, emoción y cuerpo.
Un líder creativo e inteligente emocionalmente es capaz de obtener lo mejor
de las personas que colaboran con él, favoreciendo su crecimiento y
creatividad, abriendo múltiples vías de acción que inevitablemente conducen,
no sólo a la prosperidad de cada uno de los miembros del equipo, sino de la
organización.
Las competencias que se integran en la inteligencia emocional son
indispensables en las organizaciones que buscan no sólo sobrevivir, sino
resplandecer con excelencia por su productividad y capacidad para innovar.
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